LA METANIZACIÓN DEL SECTOR ELÉCTRICO PERUANO

El discurso actualmente predominante ha posicionado la idea de que la explotación comercial del gas de Camisea sólo era económicamente viable si se procedía a un masificado empleo del gas natural en centrales térmicas y en el sector del transporte. Posteriormente, triquiñuelas políticas de las élites de poder nacionales permitieron que el mayor recurso energético no renovable, existente en el país, se exporte fuera del Perú. El discurso es casi siempre el mismo: el Estado no tenía capacidad económica ni capacidad de gestión para abordar proyectos de transformación del gas natural en productos con mayor valor añadido – petroquímica – y se entrego el gas en manos extranjeras que prefirió quemar el gas, con reducidas eficiencias energéticas, en coches a gas y en centrales térmicas. Una historia de pérdida de soberanía de un recurso estratégico de todos los peruanos. Una visión cortoplacista al encadenar el Perú a una nueva droga fósil, no renovable y con fecha de agotamiento. En un futuro no muy lejano, se deberá abordar, en condiciones geopolíticas internacionales muy complejas, el proceso de desmetanización del Perú.

Historia del proceso de metanización

En febrero del 2000, un consorcio de capitales extranjeros formado por Pluspetrol, Hunt Oil, SK Corp y TecPetrol obtuvo el derecho de explotar durante 40 años el Lote 88 de Camisea. Las regalías que debería pagar eran de 37,4% y la producción de gas se dedicaría exclusivamente al mercado interno. El proyecto era entonces viable porque el Estado garantizaba un mercado de consumo de gas al consorcio adjudicatario. La inversión esperada en la fase de explotación era de unos 630 millones de dólares. La voluntad política del Estado favoreció la creación de un importante sector eléctrico gracias a una injustificable moratoria de construcción de centrales hidráulicas vía Decreto Ley y la financiación del ducto de gas hacia la costa a cargo de los consumidores a través de un peaje más conocido como garantía de red principal.

El Estado estableció las condiciones necesarias para la creación de un mercado cautivo a la nueva generación eléctrica de origen térmico. La prohibición de construcción de nuevas centrales hidroeléctricas direccionó la creciente demanda eléctrica nacional de mediados de la década pasada hacia el sector termoeléctrico. Uno de las falacias más repetidos hasta la saciedad es que la construcción del ducto a la ciudad de Lima generó, sin ninguna ayuda, la demanda eléctrica. En la figura siguiente, se observa la evolución del proceso de metanización en el Perú, según el informe “Informe Sectorial: Perú – Sector Eléctrico” de Pacific Credit Rating, PCR. En el 2014, la producción térmica ha llegado a cubrir, puntualmente, el 60% de la producción eléctrica total.

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Figura 1: Evolución de la generación eléctrica en el Perú entre 2007 y 2014.

Radiografia del uso del gas de Camisea

El gas de Camisea remanente, que se queda en el Perú, se emplea actualmente de forma mayoritaria en el sector termoeléctrico con una eficiencia energética que no alcanza el 50% y gracias a un proceso de transformación de las centrales de ciclo simple en ciclos combinados, en los últimos años. Se decidió y prefirió quemar gas en instalaciones, con una eficiencia energética más que discutible, que construir centrales hidroeléctricas, altamente eficientes y con reducido impacto local y medioambiental.

En lugar de emplear un recurso renovable y abundante se decidió, en las altas esferas del poder, engancharnos a un recurso escaso, contaminante y sin continuidad en el tiempo. La nueva adicción energética peruana se llama gas natural de Camisea. La sostenibilidad y vulnerabilidad del sistema energético y eléctrico peruano se encuentra bajo seria amenaza y los responsables de tremenda irresponsabilidad deberán responder ante las generaciones futuras. Los defensores del efecto Camisea, por honestidad intelectual, deberían cuantificar cuanto dinero se transformó en calor y humos contaminantes durante los primeros años de explotación del gas de Camisea en la ineficientes centrales de ciclo simple. Se desperdició el “regalo de Dios” sin ninguna justificación técnica convincente y sin evaluar propuestas tecnológicas más complejas pero mucho más eficientes como los sistemas de cogeneración y trigeneración. A finales del año 2013, el sector de generación eléctrica térmica ya consumía el 27% de la producción total de gas natural.

El sector transporte es también uno de los destinos del “regalo de Dios” de Camisea, que se usa ampliamente en taxis y transporte público masivo, un signo de la incapacidad del Estado de promover empleo de calidad, pero si negocios individuales y de pequeñas flotillas de taxis y de generar una absurda y suicida dependencia fósil. El 5,3% del total de gas natural es consumido por los usuarios de gas natural vehicular, GNV.

Una muy significativa parte del “regalo de Dios” se exporta como gas licuado mientras muchas industrias carecen del gas para generar riqueza en el país. Riqueza entendida como creación de bienes y productos con valor añadido. No parece lógico que un país en el que el gas natural debería ser un componente primordial del proceso de transformación del modelo energético sea exportado a terceros países a precios irrisorios. El rubro de exportación ya alcanza 57% de la producción total de gas natural del Perú, figura siguiente, extraído del informe “Informe Sectorial – Hidrocarburos: Perú” de la empresa clasificadora de riesgo, Apoyp & Asociados, figura adjunta.

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Figura 2: Estructura de consumo de gas entre 2009 y 2013.

Finalmente, aproximadamente un 3,1% del gas natural producido en el Perú se emplea en el sector industrial, mientras que un 7,4% es distribuido a clientes regulados (consumidores domésticos y comerciales). La exportación del gas natural y su empleo es sistemas de conversión con bajo rendimiento induce a pensar que no se ha dedicado el tiempo suficiente a planificar y discutir en que se debería haber empleado un recurso tan escaso.

El secular cortoplacismo del Estado peruano y su naturaleza funcional a los intereses de un reducido grupo de gran poder económico – nacional y transnacional – ha creado en los últimos años una gravísima dependencia del gas natural en el sector transporte – 250 mil vehículos convertidos a gas – y en el sector eléctrico – la mitad de la producción eléctrica anual –, afectando seriamente la sostenibilidad y vulnerabilidad energética del país en los próximos años. Se vislumbra con carácter de urgencia la necesidad elaborar un plan energético de sustitución del gas natural en un periodo de tiempo muy corto. De lo contrario, se expone al país a una dependencia del gas procedente del exterior a precios abusivos. En caso de que no se certifiquen nuevas reservas de gas en los próximos años, en la próxima década el Perú empezará a importar gas para satisfacer sus necesidades energéticas. El Perú ya ha sufrido la terrible experiencia en convertirse de exportador de petróleo a importador de petróleo. Hoy, se exporta el gas de Camisea quizás en un mañana muy cercano se importará gas natural

El futuro incierto del gas natural en el Perú

En febrero del presente año, el Ministerio de Energía y Minas presentó el Plan Energético Nacional 2015-2025. En el apartado relacionado con el gas natural, el Plan Nacional presenta dos gráficas bastante curiosas y su vez contradictorias: la evolución de las reservas de gas natural y una predicción del crecimiento del consumo del gas natural, al año 2025, figura siguiente.

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Figure 3: La evolución de las reservas de gas natural y predicción del crecimiento del consumo del gas natural.

Las reservas probadas y probables de gas natural se ha reducido desde el año 2009. Una circunstancia que debería plantear, cuanto menos, una seria reflexión sobre el riesgo de incapacidad de garantizar el suministro del gas natural a consumidores locales, puesto que aplicar conceptos soberanos de uso de un recurso estratégico implicaría rescindir contratos de exportación. Por otro lado, es realmente extraño y sospechoso, que en un entorno de desaceleración económica global y reducido crecimiento local se propongan escenarios de crecimiento del 4,5 y 6,5%, absolutamente disociados de la realidad económica actual. En el Perú, en situaciones tan complejas, algunos confunden sueños con realidad. El riesgo de agotamiento del gas exige plantear una estrategia de sustitución acelerada de las centrales de ciclo combinado por sistemas renovables convencionales y no convencionales y evitar la importación de gas natural para satisfacer la demanda eléctrica.